Fotografía por Sebastian Arriagada
Desde el periodismo de investigación hasta el cine documental, Felipe Hurtado ha construido una mirada donde la observación, la memoria y el lenguaje cinematográfico dialogan constantemente. Su trabajo cruza territorios, personajes y universos poco visibles, siempre desde una aproximación sensible y reflexiva. Actualmente desarrolla Especies y el largometraje documental Arauco y la Oficina Abandonada, vinculado a la memoria de dos obras de Víctor Jara. En esta conversación con Revista Panalart reflexiona sobre el oficio documental, el presente del cine chileno y la necesidad de seguir creando obras pensadas para la experiencia colectiva de la sala de cine.
Vienes del periodismo de investigación y del cine documental. ¿Cómo dialogan esas dos herramientas al momento de observar la realidad y construir una historia?
“El periodismo de investigación me entregó herramientas muy concretas para aproximarme al cine documental. Todo documental requiere una investigación previa, y el periodismo enseña a contrastar fuentes, verificar información y desarrollar una mirada crítica con bases sólidas. Ese rigor ha sido fundamental para abordar cualquier historia con responsabilidad y profundidad.
Al mismo tiempo, el documental es un territorio mucho más libre. Como dice Ignacio Agüero, el documental es un ejercicio de libertad. Ahí conviven distintas disciplinas: una dimensión investigativa, pero también una dimensión profundamente cinematográfica y personal. Muchas veces se habla del documental como el cine de lo real, pero también es el cine de la experimentación y de la mirada de quien lo realiza. Por eso creo que no puede encerrarse en una sola definición.”
Has desarrollado distintos roles dentro del audiovisual: dirección, montaje y fotografía. ¿Cómo esa mirada múltiple ha ido definiendo tu sello como realizador?
“He trabajado en distintas áreas del audiovisual: dirección, montaje, fotografía, asistencia de dirección, producción, cámara, entre otras. Y cada uno de esos roles te permite comprender el funcionamiento completo de una obra audiovisual y valorar el trabajo colectivo detrás de ella.
Esa experiencia me ha ayudado a filmar de una manera más consciente y eficiente. Cuando estoy rodando, muchas veces ya estoy pensando desde el montaje: cómo se construirá una secuencia, qué planos serán realmente necesarios o cómo una escena podrá resolverse después en edición.
En fotografía he aprendido mucho de manera autodidacta y también trabajando junto a distintos fotógrafos, especialmente Francisco Bermejo. Ahí entendí que una imagen construida con dedicación y conciencia puede decir muchísimo por sí sola.
Creo que todo eso ha ido definiendo una forma de trabajo basada en la claridad y en la economía del material: filmar lo justo y necesario, evitando el sobreplano y tratando de que cada imagen tenga un sentido real dentro de la película.”
En tus trabajos suelen aparecer personajes, territorios y universos poco visibles. ¿Qué historias sientes hoy la necesidad de contar en Chile?
“Hace algunos años estoy desarrollando un proyecto documental llamado Especies, junto a la productora Laura Zamora. Es una película no narrativa que aborda el especismo y las distintas formas en que los seres humanos nos relacionamos con otras especies dependiendo del territorio y la cultura.
La película sigue particularmente la vida de dos vacas: Rifa, en Chile, y Amar, en India. Rifa fue rifada en una feria de pueblo y terminó siendo adoptada por una familia que decidió no carnearla por el vínculo afectivo que se generó con ella. Amar, en cambio, es una vaca anciana que vive sus últimos días en una granja dedicada a la producción de medicina homeopática y que luego será trasladada a un Goshala, un lugar destinado al retiro y cuidado de vacas viejas en India.
Lo que me interesa es observar esos cruces territoriales, culturales y espirituales, y cómo las creencias y los contextos terminan definiendo el destino de otros seres vivos. Es una película que pone el foco en los seres sintientes y en las distintas formas que tenemos de convivir con ellos.”

Felipe Hurtado en rodaje para Aula Records - Usach
Actualmente trabajas en Arauco y la Oficina Abandonada, largometraje documental vinculado a dos obras de Víctor Jara. ¿Qué te motivó a acercarte a una figura tan esencial para la memoria cultural del país?
La principal motivación fue la invitación de Esteban Espinosa, productor del proyecto. Desde el comienzo sentí interés por la idea, pero también entendí que era una historia que necesitaba tiempo para crecer de manera orgánica. Hay proyectos que requieren maduración, dejar que las ideas fermenten y encuentren su propia forma.
Y eso mismo ha ocurrido con Arauco y la Oficina Abandonada. Sin grandes presiones, pero con mucha convicción, el proyecto fue tomando fuerza, sumando personas, experiencias y nuevos antecedentes que terminaron consolidando la película.
Más que aproximarnos a Víctor Jara desde un lugar estrictamente histórico, nos interesa conectar con la dimensión humana y sensible de su memoria. Creo que el cine documental y las artes tienen algo muy especial: mezclan lo tangible con lo intangible. Existe una especie de energía o de magia en el proceso creativo.
De alguna manera, sentimos que este proyecto dialoga con la memoria de Víctor, con su canto y con el legado que sigue vivo. Y esa conexión es la que hoy nos permite construir una obra cinematográfica pensada para encontrarse profundamente con el público.”
El documental chileno ha ganado reconocimiento en los últimos años. Desde tu experiencia, ¿cómo observas el presente de este género y qué desafíos vienen hacia adelante?
Creo que el documental chileno tiene una tradición muy sólida desde hace décadas. El trabajo de realizadores como Patricio Guzmán, Ignacio Agüero, José Luis Torres Leiva o Nicolás Molina demuestra que en Chile existe una mirada documental muy potente y diversa.
Incluso creo que lo documental trasciende el cine. El trabajo fotográfico de Sergio Larraín, por ejemplo, también tenía una dimensión profundamente cinematográfica.
Hoy el gran desafío es volver a posicionar el documental en las salas de cine y reconectar al público con esa experiencia colectiva. Vivimos tiempos donde la atención está fragmentada por las pantallas y los teléfonos, entonces el reto es seguir creando películas que realmente merezcan ser vistas en el cine.
La experiencia cinematográfica sigue siendo irreemplazable: el sonido, la escala de la imagen, los movimientos de cámara y la inmersión que produce una sala oscura generan algo que no puede replicarse completamente en otros formatos. Y en ese sentido, Arauco y la Oficina Abandonada es una película pensada justamente para ser vivida en pantalla grande.”
Compartimos el sitio de Berrinche Producciones, productora liderada por Felipe Hurtado y plataforma donde ha desarrollado múltiples trabajos audiovisuales en distintos roles.