Hernán Ricaldoni: el artista argentino que desafía las fronteras entre pintura, música y territorio
Hay artistas que trabajan sobre un soporte. Otros trabajan sobre una pregunta. Hernán Ricaldoni pertenece a ese segundo grupo. Nacido en Buenos Aires en 1975 y radicado actualmente en Necochea, Argentina, ha pasado décadas desplazándose entre formatos, territorios y disciplinas: pintura de caballete, murales monumentales, restauraciones patrimoniales, performances, instalaciones, esculturas sustentables y pintura en vivo junto a músicos y orquestas.
Ha expuesto en Argentina, Europa, Estados Unidos y América Latina; ha compartido experiencias con bandas y artistas como Bersuit Vergarabat, Micaela Farías Gómez y Raúl Lavié; y ha llevado proyectos de arte contemporáneo a escenarios tan distintos como Austria, Cuba o Ecuador.
Hace unas semanas estuvo de paso por Chile, y entre reflexiones sobre arte, política, tecnología y cultura contemporánea, dejó una idea que funciona casi como declaración de principios:
«Hay que hacerse cargo de la época que vivimos, o ser un decorador».
Más que una frase, parece una invitación a tomar posición.
* En una de tus reflexiones afirmas: «Hay que hacerse cargo de la época que vivimos, o ser un decorador». ¿Cuál crees que es la responsabilidad del arte frente a los desafíos sociales, culturales y políticos del presente?
Hacerse cargo de los tiempos que uno vive tiene que ver con pensar una cultura actual en la que el arte pueda servir para modificar, de alguna manera, la realidad de las personas. Ser consciente del contexto en el que vivimos.
No creo que ese sea necesariamente el único rol del arte en lo social o político. Es una dimensión importante, pero tampoco se trata solamente de responder desde una postura política directa.
También tiene que ver con sensibilizar, con generar imágenes que hagan a las personas un poco más sensibles, o incluso un poco mejores en algún sentido. Esa también es una forma de intervención.
Lo que no valoro es el arte que se vuelve meramente decorativo. Cuando el arte se transforma en algo ornamental, pierde espesor y se vuelve bastante vacío.

Fotografías, gentileza de Hernán Ricaldoni
Desde hace más de dos décadas pintas en vivo junto a músicos y orquestas. ¿Qué ocurre en ese diálogo entre sonido e imagen? ¿La música guía tu pintura o ambas disciplinas terminan construyendo un mismo relato?
Esa interacción entre música y pintura es algo muy sentido e importante porque genera una nueva perspectiva del arte en general.
Permite borrar ciertas fronteras y entender que existe un código común entre ambas disciplinas. Hay una comunión entre la pintura y la música: entre las escalas de color, lo cromático, la armonía, el volumen y el ritmo.
Coinciden en muchas capas y también es una forma de sacar a las artes visuales de cierto espacio de élite. Esa interacción abre el campo y vuelve todo más vivo.
Tus proyectos van desde murales y restauraciones patrimoniales hasta performances, instalaciones, arte contemporáneo y esculturas sustentables. ¿Qué buscas cuando decides cruzar los límites tradicionales de la pintura?
No se trata de ser solamente una persona dedicada al oficio de la pintura, sino de entender que las ideas contemporáneas muchas veces exigen otras herramientas.
No es lo mismo una pintura de caballete que una pintura mural. Cada formato genera un impacto distinto. Tampoco es lo mismo la pintura en vivo, que modifica el sentir del espectador en tiempo real.
Un mural gigante en medio de una plaza no produce el mismo efecto que esa misma imagen en una pared o en un cuadro. El contexto cambia completamente el sentido de la obra.
Has desarrollado obras y exposiciones en Argentina, Europa, Estados Unidos y América Latina. ¿Qué aprendizajes te han dejado esos encuentros culturales y qué similitudes encuentras entre las comunidades artísticas de Argentina y Chile?
Lo de los centros y las periferias es un tema enorme dentro del arte. Todos miramos a los grandes centros artísticos como los lugares más relevantes, pero muchas veces lo que existe ahí es un sistema muy poderoso de comunicación.
El arte producido desde la periferia, como ocurre con Argentina o Chile, tiene una potencia equivalente a cualquier otro lugar del mundo.
La verdadera batalla no es entre obras mejores o peores. Es una batalla entre centros y periferias, no entre calidades artísticas.
Hoy el arte convive con la velocidad de las redes sociales, la inteligencia artificial y los cambios tecnológicos permanentes. ¿Cómo imaginas el rol del artista en los próximos años y qué consejo le darías a quienes están comenzando su camino creativo?
Todo el tema de las redes sociales y la inteligencia artificial me preocupa, pero también entiendo que son herramientas de difusión muy potentes.
La obra no puede sostenerse únicamente en la tecnología; tiene que sostenerse en sí misma. Si una obra depende solamente de eso, probablemente quede vacía y tenga una duración muy corta.
Una buena obra de arte debería poder funcionar en distintas épocas y atravesar diferentes momentos.
La tecnología puede amplificar una obra, pero no reemplazar aquello que la hace verdadera.
PARA CONOCER MÁS DE SU TRABAJO ENTRA AQUÍ: HERNÁNRICALDONI.COM