Percusionista, investigadora y terapeuta ocupacional, Nata Quintana ha construido una trayectoria donde la música y la salud dialogan de forma inseparable. Con pasos por escenarios como el Panamá Jazz Festival y formación en Berklee, ha colaborado con artistas de la música popular chilena, ampliando su lenguaje más allá del jazz y la fusión.
Hoy retoma su proyecto de jazz fusión Mousso, mantiene una intensa agenda en vivo junto a La Sociedad y participa en una sesión de grabación para un disco impulsado por el futbolista Carlos Caszely, mientras consolida en Chile el programa Bienestar para Músicos y Artistas, pionero en el acompañamiento integral de músicos.

Fotografía Lorenzo Mella
Eres percusionista de alto nivel, terapeuta ocupacional e investigadora. ¿En qué momento entendiste que la música y la salud no eran caminos separados, sino una sola misión en tu vida?
Este cruce comenzó cuando ingresé a la escuela de Christian Gálvez, tras haber egresado como terapeuta ocupacional y cursar un magíster. En las clases de instrumento observé que el aprendizaje musical implicaba temas como postura, lesiones, salud mental, ansiedad y proceso creativo.
Ahí entendí que existía un espacio claro para intervenir desde la salud ocupacional. Empecé a sistematizar estas ideas, lo que dio origen a Bienestar para Músicos y Artistas.
Hoy es el primer programa terapéutico dirigido a músicos en Chile, con módulos educativos, ciclos formativos y acompañamiento grupal e individual. He presentado este trabajo en el simposio de musicoterapia del Panamá Jazz Festival y en instancias académicas en Chile.
Actualmente trabajo con músicos de forma particular, junto a estudiantes en práctica de la Universidad Autónoma en la escuela Núcleo de Estudios, además de generar alianzas con Fundación INTICREA. Este 2026 cumplimos 7 años de trabajo activo y 12 de proceso creativo.
Has tocado en grandes escenarios como Panamá Jazz Festival, Berklee, Olmué y múltiples festivales nacionales. ¿Cuál ha sido el momento sobre un escenario que más te marcó emocionalmente hasta hoy?
Más que un solo momento, han sido experiencias intensas. El Panamá Jazz Festival fue un “shock” positivo: clases con créditos de Berklee, presentaciones en el Teatro Ateneo, una beca completa, conciertos y participación con el trío Afro Ritual dirigido por Orión Lión. También expuse en el simposio de musicoterapia de Patricia Zárate y conocí la Fundación Danilo Pérez.
Luego, la experiencia en Berklee fue clave: fui la única chilena, generé redes y grabé percusiones para el disco de Patricia Zárate bajo la producción de Danilo Pérez.
También destaco el trabajo en Pez Records con Christian Gálvez, donde el estudio se vuelve un espacio formativo, y escenarios como el DrumFest de Chiloé de Danilo Pozo o el Hospital El Pino, donde la música genera conexión y sentido.

Fundaste “Bienestar para Músicos y Artistas”, un proyecto pionero en Chile. ¿Qué heridas silenciosas viven muchos músicos que el público no alcanza a ver?
Existen múltiples vulneraciones: lesiones físicas, problemas de salud mental, sobrecarga laboral y precarización. Ser músico implica gestionar proyectos, redes y estabilidad económica, lo que mantiene al sistema nervioso en alerta constante.
Muchos postergan atención médica por razones económicas, lo que agrava los problemas.
Desde Bienestar para Músicos y Artistas, trabajamos desde la autorrepresentación: los profesionales también son músicos o cercanos al oficio. Entendemos que la intervención ocurre en la vida cotidiana del músico y que el trabajo debe ser colectivo para dignificar el oficio.
Ganaste becas internacionales y ahora Ibermúsicas 2026 para representar esta mirada en Lima. ¿Qué significa para ti que hoy el mundo esté valorando este trabajo nacido en Chile?
Es una mezcla de alegría y responsabilidad. Instancias como el Panamá Jazz Festival y ahora Perú abren posibilidades de expansión y redes.
El viaje se enmarca en el Festival Internacional de Cajón Peruano y Percusión Rafael Santa Cruz, junto a la banda Mousso, lo que permite proyectar tanto el trabajo terapéutico como musical.
Es también una forma de llevar una mirada latinoamericana, con perspectiva sur y decolonial, al cruce entre arte y salud.
Si una joven mujer músico, o alguien que siente que tiene muchos talentos distintos, te escucha hoy y duda si puede lograrlo… ¿qué le dirías desde tu propia historia?
Diría: “haz lo tuyo”.
Si una idea insiste, hay que llevarla a la acción, paso a paso.
Rodearse de personas que potencien tu desarrollo, confiar en el propio criterio y evitar críticas destructivas es clave. Crear es construir tu propio camino.
Escucha parte de su legado musical junto a su banda y proyecto personal Mousso