A más de cinco décadas de sus primeras canciones, Hugo Moraga sigue escribiendo, buscando y escuchando el mundo con la curiosidad de quien todavía tiene algo que descubrir. En la apertura de Canciones del Alma, el cantautor habla de independencia, poesía, influencias y de ese misterioso momento en que una canción deja de pertenecer a quien la escribió para convertirse en compañía de quien la escucha.

Fotografía: Trova en Chile
Hay artistas que construyen una carrera y otros que, simplemente, construyen una obra. Hugo Moraga parece pertenecer a esa segunda categoría. Durante décadas ha desarrollado un camino propio, lejos de las fórmulas de la industria y atento a una necesidad más íntima: escribir canciones, reunir versos, escuchar, observar y encontrar una forma de responder a aquello que lo conmueve.
Su música no parece buscar respuestas inmediatas. Tampoco se entrega fácilmente a las etiquetas. En ella conviven el jazz, el rock, el funk, la Nueva Canción Chilena y múltiples tradiciones que, en sus palabras, han debido ser “digeridas” hasta convertirse en algo propio.
Quizás por eso sus canciones continúan encontrando nuevos oyentes. Personas que no vivieron el momento en que fueron escritas, pero que reconocen algo de sí mismas en una melodía, en un verso o en una determinada forma de mirar el mundo.
En esta conversación, Hugo Moraga habla de esa independencia, de la poesía como una forma de resistencia al resultado inmediato, de sus influencias y del extraño misterio que permite que una canción atraviese el tiempo.
Durante más de cinco décadas has seguido un camino profundamente personal, muchas veces al margen de la industria. Mirando hacia atrás, ¿sientes que esa independencia fue una decisión consciente o una consecuencia inevitable de la música que querías hacer?
Ha sido consecuencia, un poco, del desencuentro o la no coincidencia con la industria nacional. Nunca tuve un mánager y siempre fui un autor de canciones. En esos términos, tampoco era posible que adaptara mis canciones a las preferencias de los productores o a las necesidades de la industria.
No sé si mi música no era compatible con la industria a la que podía haber tenido acceso, o si la industria simplemente no estaba preparada para acoger el tipo de canción que yo estaba escribiendo. Quizás en otro ámbito, como Brasil, o en otra sociedad con una idea distinta de industria musical, las cosas podrían haber germinado de otra manera.
La verdad es que cuesta encontrar una coincidencia entre la industria y el arte. Y aquí en Chile no es tan frecuente que un arte de calidad sea apoyado y desarrollado por una industria eficiente.
Tus canciones nacieron en un país marcado por el miedo y la censura, pero rara vez recurren al discurso directo. En lugar de denunciar, parecen invitar a descubrir. ¿Crees que la poesía puede decir aquello que la consigna nunca alcanza?
La música y la canción son poesía, una construcción estética con un lenguaje. Las palabras y la poesía son música, y la música es poesía. La diferencia con la consigna es que la consigna es muy táctica, mientras que la poesía es estrategia.
Tengo la impresión de que la música de valor y la poesía profunda sobrepasan la necesidad de un resultado rápido o inmediato. Yo, al hacer canciones y escribir versos, he respondido a circunstancias personales y sociales, a distintos ámbitos y a distintos estados del alma humana. La respuesta está en mis canciones.
Creo que el arte y la música tienen también un ámbito muy íntimo, donde aparece una respuesta emotiva y personal frente a aquello que uno quiere expresar estética o artísticamente. Por eso creo que la poesía sobrepasa largamente a la consigna.
En tu música conviven Jobim, Miles Davis, Spinetta, Frank Zappa, la Nueva Canción Chilena y también el funk. Sin embargo, cuando uno escucha una canción tuya, nunca siente un collage de influencias, sino una voz propia. ¿Cómo ocurre esa transformación?
En mi música, y también en los textos y versos que he compuesto, hay muchos libros, autores y conversaciones de los cuales uno va alimentando su espíritu. Y cuando ese espíritu tiene necesidad de decir algo, utiliza esos elementos.
Si esos elementos han sido bien digeridos, ya no se parecen a su origen, porque han sido incorporados y hechos propios. Como decía un filósofo: ¿qué pasa con el gato o con el ratón cuando se lo come el gato? Se hace gato.
Eso es lo que ocurre cuando uno escucha algo y después ordena elementos con los cuales se expresa. Esos elementos dejan de pertenecer a un origen determinado: han sido digeridos y transformados en una energía espiritual y emocional con la que uno hace sus versos, sus canciones y su música. Y de ahí sale el resultado.
Muchas de tus canciones siguen emocionando a personas que ni siquiera habían nacido cuando fueron escritas. ¿Qué crees que hace que una canción sobreviva al paso del tiempo?
La canción se hace una especie de compañía para el auditor cuando siente que esa canción interpreta, toca algo, estimula algo, despierta algo de su propia naturaleza, de su propia intimidad.
A mí me ha pasado con algunas de mis canciones. Hay personas que han sentido que son particularmente próximas a su realidad, a su vida, a su emotividad, y que forman parte de experiencias que las conmueven o las motivan.
Para mí eso es un misterio que me llena de satisfacción. Porque, en el fondo, se relacionan personas que no nos conocemos para nada, pero que de repente compartimos algo que está en unos versos, que está en una melodía que se hace familiar. Y “familiar” es una gran palabra.
Vas a inaugurar el ciclo Canciones del Alma, un espacio pensado para conversar y luego compartir la música en vivo. Si tuvieras que invitar al público con una sola idea, ¿qué esperas que descubra de Hugo Moraga esa noche?
Durante la conversación y en la muestra de canciones que se van a hacer, probablemente van a descubrir, si tienen bastante afinados sus instrumentos perceptivos, espirituales y emocionales, a un joven que hace canciones.
No he tenido tiempo de envejecer porque he estado ocupado y he seguido haciendo, juntando versos, melodías y buscando la manera de responder a los estímulos, a las cosas que me motivan, que me sorprenden, me asombran, me enojan o me agradan y me complacen.
Y creo que, y espero, que encuentren a un ser humano relativamente agradable, grato, con el que puedan disfrutar de un momento de reflexión y, qué sé yo, de amistad.
Para quienes han seguido la trayectoria de Hugo Moraga y para quienes quieran acercarse por primera vez a su música, Canciones del Alma será una oportunidad para escucharlo desde un lugar íntimo y cercano: primero a través de la conversación y luego en el encuentro con sus canciones en vivo. Les dejamos a continuación todos los detalles de esta primera fecha, junto con la información para adquirir sus entradas aquí, a través de PortalTickets.
