Daniella Rivera, violinista, compositora y gestora

Creo que la buena y bella música es una sola. Creo que Charly García, Víctor Jara, Frank Zappa, Bjork, David Bowie, Kate Bush, Peter Gabriel son hoy los compositores clásicos. Así como lo fueron en su época Mozart, Beethoven,Tchaikovsky.
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Podríamos decir que Daniella Rivera, es una de las violinistas más destacadas de estos últimos tiempos, visionaria en sus proyectos colectivos en cuanto a la contingencia social, talento absoluto como interprete y docente, colaboradora con múltiples artistas nacionales Anita Tijoux, Lucybell, Electrodomésticos, Manuel García, por nombrar nacionales Anita Tijoux, Lucybell, Electrodomésticos, Manuel García, por nombrar solamente algunos, además perteneciente al mundo teatral musical, una incansable luchadora de sus convicciones, que de manera autónoma ha logrado anteponer su propio lenguaje artístico musical.

Tus padres fueron exiliados políticos por la dictadura de Pinochet, naces en Francia y posteriormente tu familia se traslada a Cuba, ¿Qué es lo que te marca en ese periodo de tu niñez, que te hace ser lo que hoy eres?

Podría decir que lo que más marca mi infancia y adolescencia, es la noción de “apátrida”. Esa noción de no pertenencia, definitivamente es lo que me marca hasta el día de hoy. Incluso años después de haber asumido que en Chile está mi casa. El momento más duro de ese desarraigo es cuando me toca irme de Cuba y “retornar” a Chile el año 1992. Digo “retornar” entre comillas, pues paradojalmente con el retorno de mis padres, comienza mi propio exilio. Proveniente de un país donde todo es exuberancia y colores, llego el día más frío del invierno de ese año. Santiago era una ciudad gris en esa época.

Con la Dictadura que todavía tenía gran influencia en la institucionalidad y en las vidas de las personas, en su forma de hablar, en su forma de vestir. Ese fue el momento en que una herida grande se abrió en mi alma. Creo que entré en una depresión que no dejé aflorar mucho, pues aunque no sabía lo traumático que sería, había crecido sabiendo que ese momento iba a llegar, y yo, como buena “hija de la Revolución”, iba a tener que saber afrontarlo con la frente en alto. Mi marca es el desarraigo.

¿En qué momento te acercas al violín y por qué decides tomar este instrumento como compañero de vida?, ¿Existió alguna música o algún personaje que cautivó tu pasión por este instrumento?

Definitivamente el violín fue una herencia que recibí por dos lados distintos, pero ambos relacionados a mi padre. Durante mi infancia en Cuba, los relatos de mi papá sobre mi abuelo, eran de tertulias musicales y bailes familiares, donde mi abuelo era siempre el que animaba la fiesta tocando la guitarra, el violín o el piano. Nunca conocí a mi abuelo, pero en esos relatos construí una especie de recuerdo imaginario que hasta el día de hoy atesoro, donde la música es el centro de la vida familiar, y el violín es un personaje que baila al centro de la escena.

El repertorio de aquellas tertulias estaba cargado de boleros y tangos. Años después (1984) ya en el exilio y trabajando en la Casa de las Américas, en La Habana, mi papá organiza un festival internacional de tango al que asiste nada más ni nada menos que Osvaldo Pugliese y su orquesta. Hago un paréntesis aquí para decir que mis recuerdos musicales están asociados principalmente al tango, el jazz y la música clásica.

En el marco del festival, Pugliese y su orquesta son invitados a un programa de TV, donde en laprimera parte del programa iban a salir mi mamá y mi papá haciendo una demostración de baile. Yo asistí a ese día de grabación y ahí conocí a toda la orquesta de Pugliese, y en particular, hice muy buenas y lindas migas con “Penón”, el primer bandoneón de la orquesta. Fue una hermosísima amistad entre un viejo lindo, músico maravilloso y hombre lleno de aquella sabiduría popular que tienen los grandes, y una niña de 7 años curiosa y cantarina. Cuando se fue de Cuba de vuelta para Argentina, me dejó una carta cargada de poesía, que luego dejé extraviada en algún cambio de mi desarraigada vida. Mi vida se tornó en un antes y un después de ese festival pues ahí supe que yo quería ser música, y en particular bandoneonista. Luego desistí de esa idea a falta de instrumento y de docente, pero resolví que como el violín también es tanguero, yo tocaría el violín.

Tu faceta como violinista es super notable y a la vez transversal, has sabido desenvolverte en muchos estilos musicales, una brecha tan amplia que va desde lo clásico hasta el punk, ¿Qué sentido te lleva, el poder experimentar y concretar estilos tan distintos?, por ahí decías que tu padre era muy amante del jazz, ¿Tendrá algo que ver con la improvisación?

Creo que la buena y bella música es una sola. Creo que Charly García, Víctor Jara, Frank Zappa, Bjork, David Bowie, Kate Bush, Peter Gabriel son hoy los compositores clásicos. Así como lo fueron en su época Mozart, Beethoven,Tchaikovsky, Brahms. Veo a Bach como un jazzista del pasado. Puccini componiendo ópera da forma a lo que después es la identidad sonora de la producción cinematográfica de Hollywood. Kurt Weill lo mismo. Por otro lado mi actividad teatral, me ha permitido que todos aquellos referentes que me han influenciado en la vida puedan relacionarse y dialogar en la obra. Ese diálogo se da en todo momento y de alguna manera eso ha ido moldeando mi identidad como música. Por último, la improvisación es algo que he ido descubriendo con los años, y a medida que me he ido alejando del mundo de la música clásica y me he ido acercando más a la música popular. Y resulta que el teatro también ha jugado un papel en eso, mostrándome que, para crear, es muy importante jugar, cosa que en el competitivo y riguroso mundo de la música clásica no se da mucho, por estar siempre sujetos y sumisos ante la partitura o el director, el concertino o el jefe de fila en la jerarquía piramidal de una orquesta. Cuando salí de esa estructura conocí la libertad musical, entonces ya no ví más a Mozart como si fuera un tótem, sino como un amigo que me invitaba a jugar con él y con su música, y mezclarla con el punk, el rock o el pop.

A mediados del año 2006, fuiste una de las creadoras de la banda Odessa, que combinan música teatro y video, mostrando un mundo caótico entre zombies, extraterrestres, el anticristo y personajes faranduleros, digamos que una sociedad enfermiza, talvez como un oráculo que mostraba un estallido social que concretaría al pasar los años, ¿Qué piensas de ese vaticinio que lograron revelar?

Me acuerdo que a los zombis llegamos porque yo estaba tocando con Felipe Cadenasso. En esa época él me ofrece hacer con Odessa una introducción teatral a su espectáculo. Tuvimos reuniones creativas Felipe, la China Sudaka (Alejandra Montecinos), y yo donde hablábamos de los muertos y nuestra relación con ellos. De los fantasmas del pasado, pasamos entones a los zombis del presente. Comenzamos a meternos en el mundo de George Romero quien ya hablaba de la enajenación de la sociedad y los zombis encarnaban el sujeto social de esa sociedad, muy parecido a lo que se veía en el Chile de los años 90 y 2000. Los zombis, muertos víctimas de las más diversas injusticias sociales, deambulan por las calles repletas de paredes que hablan. Las paredes son el lugar donde el pobre suele denunciar sus desgracias. Me acuerdo de un músico de renombre en aquella época que vio a Odessa y me dijo, un poco despectivamente, que parecíamos una banda de los años 60. Como si la politización en el arte, fuera algo ya pasado de moda.

En ese entonces, salvo Hija de Perra y algune que otro artista under, casi nadie hablaba de política en las canciones. Pero en las calles de Santiago del 2007, ya venía emergiendo un descontento popular, aunque todavía las marchas no eran masivas como comenzaron a ser después. Entonces con los zombis decidimos hacer un resucitamiento para que nuestros muertos vinieran a hacer justicia por sus propias manos, porque Chile no había sabido pagar esa deuda. Y nos fuimos al patio 29 a resucitar y marchar por justicia y dejar eso registrado en un video clip realizado por Odessa y que contó con la colaboración de Benjamín Marambio quien hizo la edición del material. Luego de eso y pensando en hacer otra obra, con Odessa hicimos una sesión donde nos sacamos el tarot para saber qué haríamos a continuación, y fue así como llegamos a “Fuentevacuna”, otra obra que llegó más allá con eso del “vaticinio” y el estallido. “Fuentevacuna” era un pueblo donde todo parecía estar bien, gobernado por un emperador ególatra y desconectado de su pueblo que desconocía o hacía caso omiso de las demandas de su pueblo. Su egolatría llevada a los límites del paroxismo hace que los enanos que viven en su interior, deciden escaparse al bosque y organizar una revuelta. En medio de ese estallido, el emperador es asesinado por un desconocido, y tal como en la obra Fuenteovejuna, todo el pueblo es quien se adjudica el ajusticiamiento.

¿Alguna vez sentiste algún tipo de discriminación en un contexto de géneros con tus pares?

Si, sobre todo en el ámbito clásico, que es el que conozco más, las estructuras antiguas, que son las que le dan forma a ese mundo, suelen ser muy conservadoras. Me acuerdo cuando era chica haber escuchado decir de una violinista famosa: “ella toca como hombre”. En el contexto laboral también sufrí acoso que claramente estaba ligado a mi género. En el Teatro Municipal eso era bien rudo. Me acuerdo del concertino de la época en que yo tocaba en la fila de primeros violines de la Filarmónica de Santiago. Me hostigaba, al punto de acusarme porque yo asistía a ensayo con camisetas sin mangas y que eso era distractor para el resto de la orquesta, motivo por el cual el Director Titular de la época me llamó a su camarín para llamarme la atención y pedirme que me pusiera ropa más recatada. Pero yo era muy “pará en la hilacha”, por lo que hice caso omiso de la advertencia, lo que me significó tener que aguantar cada vez más hostigamiento de parte del concertino, mi jefe directo. Esto finalmente terminó cuando el 2006 casi toda la plana de la Orquesta Filarmónica de Santiago fuimos exoneradas del Teatro Municipal, por negarnos a aceptar medidas que precarizaban nuestro trabajo tanto en lo laboral como en lo artístico. 

¿Comó proyectas de acá a un tiempo el empoderamiento de las mujeres en las artes, en especial la música, sobre todo para las nuevas generaciones?  

Yo creo que el estallido marcó un antes y un después. Es el punto de quiebre cultural, el inicio de una conciencia colectiva sobre lo urgente de cambios en nuestro modo de relacionarnos entre nosotras y en nuestra relación con la tierra. En este mismo sentido con el estallido se produjo además una articulación de redes, especialmente entre las mujeres. Redes profesionales que trabajan colaborativamente y que ejercen la democracia desde su estructura celular. La colaboración entonces se ha convertido en una herramienta súper poderosa para lograr objetivos más grandes. Son esas mismas organizaciones de mujeres trabajadoras de las artes, quienes han llegado a tener un rol preponderante en el mejoramiento de políticas públicas con perspectiva de género para la realización de una actividad tan precarizada como las artes. Las mujeres juntas y trabajando colaborativamente somos súper poderosas y ahora tenemos plena conciencia de aquello.   

Uno de tus últimos compromisos es en el colectivo Tryo Teatro Banda, con la obra “MAGALLANES”, una obra que se empezó a trabajar en el 2019, para estrenarla en el 2020 y por razones de pandemia se postergó hasta ahora, un trabajo musical y teatral que muestra y cuenta la travesía de Hernando de Magallanes. ¿Cómo fue el proceso creativo tanto en lo actoral, como en lo musical?, ¿Te sentiste identificada por este personaje?

Magallanes es una obra curiosa por el contexto en el que le toco ser concebida. Plena pandemia y ya habíamos montado teatral y musicalmente la primera parte de la obra. El proceso creativo de Tryo consta de varias etapas. La primera es de investigación de la historia que queremos contar. Para ese momento reunimos la mayor cantidad de bibliografía posible y nos lanzamos a la lectura. Luego nos reunimos y hacemos una escaleta de la obra, o sea los hitos de la historia. A veces las historias son enredadas, por eso siempre hay que definir “qué” es lo que se quiere contar, qué hechos son esenciales para contar la historia. En ese proceso incluso hay personajes que pueden ser muy importantes pero que por razones de la dramaturgia, no es necesario que estos aparezcan. En este caso por ejemplo, Pigafetta, quien fuera el cronista de esta expedición, y gracias a quién podemos hoy conocer los detalles del viaje, no aparece en nuestro montaje. Una vez que ya tenemos definida la historia que queremos contar, comienza el proceso de improvisación teatral donde los instrumentos son parte de la escena, por lo que intervienen también sonoramente. En este momento también definimos cuales son los momentos que queremos en forma de canción. vamos destinando intervalos de tiempo entre improvisación teatral y creación de canciones.   

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